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La Coctelera

La Poesía Barroca

LA POESIA BARROCA

Continúan siendo los temas del renacimiento, pero se convierten en juegos retóricos y conceptuales. En el tema del amor sigue presente el petrarquismo, además de la sensualidad, el recargamiento en la pasión. La naturaleza se convierte en fondo decorativo. Al amor y a la naturaleza, se le unen las recreaciones mitológicas. Pero el tema más significativo va a ser el desengaño, que se presenta desde varias perspectivas: sátiras contra el lujo, el dinero, la ambición y el poder.

Aparecen la fugacidad del tiempo y las reflexiones sobre la muerte. Existe una corriente cómico-burlesca, basada en la sátira mordaz de sentido crítico a la vez que humorístico.

Junto a las formas tradicionales como son las seguidillas, los villancico, etc, se cultivan formas cultas como el soneto, la silva, etc.

- La poesía de Góngora

La poesía barroca se manifiesta por medio del culteranismo cuyo máximo representante es Luis de Góngora. Góngora estudio en Salamanca. Desempeño el cargo de racionero de la catedral de Córdoba. Hacia el final de su vida se ordena sacerdote y se va a vivir a Madrid como capellán de honor de Felipe III. Cansado de la corte, vuelve a Córdoba, donde muere. El objetivo de su vida y de su poesía fue la búsqueda de la belleza.

Su obra suele dividirse en dos grupos, atendiendo al metro utilizado: las composiciones en metros cortos; su poesía cultista en versos endecasílabos. Se podría dividir también atendiendo a la actitud del poeta: poesía de carácter burlesco y poesía de búsqueda de la belleza.

Lo más importante de su producción en metros cortos son las letrillas y romances. Las letrillas oscilan entre lo sentimental y lo satírico. La perfección formal y la belleza de los efectos sensoriales convierten a Góngora en un cultivador del Romancero nuevo.

Dentro de su obra en metros cultos destacan sus sonetos.

El estilo culterano alanza su máxima complicación en los dos grandes poemas: Polifemo y Las Soledades.

- La Fabula de Polifemo y Galatea, es un poema perfecto en su construcción, lleno de imágenes, metáforas, y recursos retóricos dominado por un tono hiperbólico.

- Las Soledades, es un poemas inacabado en el que el elemento narrativo queda supeditado a una complejísima y exuberante ornamentación.

Góngora pretendía creas un mundo de belleza absoluta. Utiliza un lenguaje culto y el recurso mas utilizado es la metáfora. Los efectos de sonoridad y color se consiguen por medio de cultismos.

- La poesía de Lope de Vega

Nació en Madrid. Asistió a la universidad de Alcalá, pero abandono los estudios a causa de un asunto amoroso. Su carácter apasionado dio lugar a una serie de episodios sentimentales que se prolongan hasta su muerte. Sus amores con Elena Osorio le llevan al destierro pos escribir composiciones ofensivas contra su familia. Pronto desafió la ley, raptando a Isabel de Urbina, la Belisa de sus poemas, a quien abandonó a las dos semanas de casarse para alistarse en la Armada Invencible. Mas tarde contrajo matrimonio con Juana de Guardo, y mantuvo a la vez relaciones con Micaela Luján. En 1613 mueren su esposa y uno de sus hijos, lo que le provoca una crisis espiritual y se ordena sacerdote. Pero vuelve a enamorarse de la actriz Marta de Nevares que estaba casada. Con ella tuvo una hija. Pero Marta pierde la razón y queda ciega cuatro años antes de morir. Después, su hijo predilecto muere ahogado y su hija es raptada. Lope no aguanta tantas desgracias y muere en Madrid.

Lope de Vega era un hombre vital. Lope supone el polo opuesto de Góngora y de Quevedo. De ahí que su obra tenga como rasgos principales el optimismo y la vitalidad.

Es autor de numerosos poemas narrativos y de poemas de carácter didáctico-literario.

ES su poesía lírica la que supera en calidad a todas. Una parte fue reunida en varias colecciones; otra parte muy numerosa de sus composiciones aparece mezclada en sus novelas y en su teatro. No es exagerado decir que Lope ha sido el más fecundo poeta de toda la Humanidad.

- La poesía de Quevedo

Francisco de Quevedo fue un hombre y un escritor desmesurado y en él es en quien mejor se reflejan los contrastes del Barroco. Nació en Madrid, en una familia de la aristocracia cortesana. Estudio las primeras letras con los jesuitas, lenguas clásicas y modernas en Alcalá y teología en Valladolid. Se traslado mas tarde a Nápoles acompañando al duque de Osuna, y ocupo el cargo de secretario de Hacienda. Destituido Felipe III, vuelve de nuevo a la Corte. Contrajo matrimonio a los cincuenta y cuatro años con una viuda de la que se separo al poco tiempo. Acusado de ser el autor de un poema contra el conde-duque de Olivares, fue detenido y encerrado en el calabozo de San Marcos en León, donde permaneció cuatro años.

El Lazarillo de Tormes

EL LAZARILLO DE TORMES

- Autor

Las tres primeras ediciones de “La vida del Lazarillo de Tormes” no indican el nombre de su autor. Pero, se ha señalado la posibilidad de que el relato haya sido compuesto mucho antes de su publicación y también han surgido varias atribuciones sobre su autoría. En cualquier caso, el autor era un hombre de gran cultura, de formación humanística y, tal vez, converso.

- Relato autobiográfico en 1ª persona

El lazarillo está escrito por su protagonista en primera persona. Se trata de una autobiografía fungida, es una ficción realista que hace verosímil lo que se cuenta.

- Tiene forma epistolar

El relato adopta la forma de una carta. La redacta el propio protagonista, ya maduro. Está dirigida a un señor desconocido que le ha pedido que le cuente cosas sobre su vida.

- Lázaro: Un pícaro peculiar

Lázaro no es aún un “pícaro” son un niño desdichado cuyas “picardías” son simples raterías de poca monta. El pícaro de la novela picaresca vive a costa de los demás, hace del robo un fin y no logra salir de su estado miserable.

- El estilo

- Simplicidad expresiva.

- Introduce en los diálogos el habla coloquial.

- La narración y la descripción presenta rasgos lingüísticos propios de una actitud de recuerdo de hechos pasados.

- Realismo: continuas alusiones a la vida cotidiana de la época. El protagonista se mueve en una sociedad humana en la que no intervienen fuerzas ni ideales sobrenaturales.

- Caracterización psicológica de los personajes.

- EL Lazarillo

Es una novela breve que inicia el género de la picaresca y la novela moderna. Narra la historia de un personaje desde la niñez, este es pobre y miserable. Los acontecimientos siguen un orden progresivo e intocable, mientras que las novelas anteriores son sartas de sucesos.

- Estructura de la obra

La obra está dividida en siete tratados en los que el Lázaro de Tormes narra su vida desde su nacimiento hasta que le dan un cargo:

Tratados 1-3: su tema es el hambre. Sirve a un ciego miserable. Su inocencia se trastoca en malicia. Sirve a un clérigo avaro y luego a un escudero que le trata bien y por quien siente piedad.

Tratados 4-5: ya no pasa hambre. Se limita a contemplar cómo algunos eclesiásticos engañan a crédulos aldeanos. Harto de ellos abandona a estos amos.

Tratados 6-7: tras servir a amos más prósperos, consigue ahorrar dinero y comprarse ropajes que mejoran su aspecto. Finalmente obtiene el cargo de pregonero real y se casa con la criada de un arcipreste que lo protege. Su largo aprendizaje en la vida ha terminado y hasta puede aceptar la deshonra como una especie de felicidad.

La Poesía en el Renacimiento

LA POESÍA EN EL RENACIMIENTO

La aceptación de los modelos clásicos implicara en la poesía española el deseo de crear una literatura basada en la belleza formal. La naturaleza se convierte en una fuente de inspiración; el poeta descubre su propia intimidad desde la contemplación de la belleza exterior. La presencia del bucolismo pastoril serán referencias constantes en la poesía renacentista.

El modelo de la poesía petrarquista italiano será el aceptado por los autores españoles del siglo XVI. Pero la influencia más notable del poeta italiano se refleja en el aspecto formal: poemas de gran belleza en la composición y en el estilo, uso de un vocabulario culto y el empleo de formas métricas en gran parte novedosas para la creación poética española.

Una de las virtudes del Renacimiento español fue la unión entre nuevas influencias italianas y la tradición nacional, surgiendo la poesía ascética y mística.

- Garcilaso de la Vega

Gracilaso encarna las cualidades que ha de reunir el cortesano renacentista: hombre de armas y de letras, modales refinados y una intensa vida amorosa. En 1526, ya casado con doña Elena de Zúñiga, conoce a Isabel Freyre, a la que profesora un gran amor y que se convertirá en fuente de inspiración de gran parte de sus composiciones amorosas. El matrimonio de Isabel le hunde en una crisis emocional. Gracilaso consta de algunas composiciones en métrica tradicional, una epístola, dos elegías, tres églogas, cinco canciones y treinta y ocho sonetos. Entre las canciones destacan la cuarte, en la que expresa su amor por Isabel Freyre, y la quinta, dedicada a la “flor de Guindo”, dama a la que Gracilaso, en nombre de su amigo, reprocha sus desdenes amorosos.

Los temas de las elegías y los sonetos son la expresión de los sentimientos más íntimos del poeta y la idealización del amor. Entre los sonetos destacan los de carácter mitológico, el que expresa la muerte por doña Isabel y el que trata el tema carpe diem.

En las églogas unos pastores idealizados expresan sus lamentos amorosos. EN la égloga I el autor expresa el sentimiento personal a través de los pastores Salicio y Nemoroso. Por boca de los pastores, expresa el lamento por el desden de su amada y el dolor por la muerte de Elisa, nombre poético de Isabel Freyre. Destacan las descripciones que sirven como motivo simbólico del tema amoroso.

- San Juan de la Cruz

En la segunda mitad del siglo XVI es cuando se desarrolla plenamente la literatura místico-ascética española. El movimiento contrarreformista provocó un aislamiento de la cultura española del resto de Europa.

Dentro de la literatura religiosa se ha de distinguir la literatura ascética, la que presenta los ejercicios morales que preparan el alma para unirse a Dios, de la mística, la que describe las experiencias de unión con Dios.

San Juan de la Cruz representa la cima de la literatura española. San Juan de la Cruz, ingresó en la orden del Carmelo y pasó luego a estudiar en Salamanca. Llevó una vida de gran actividad y de enorme empeño reformador. Por esta actitud estuvo en prisión en Toledo donde padeció severos castigos y cayó en una debilidad casi enfermiza por los ayunos y penitencias. Huyó de la cárcel y se refugió en un monasterio. El resto de su vida la pasó en soledad en Andalucía.

La poesía de San Juan está totalmente desligada del mundo real. Sus poemas se componen de imágenes que sugieren percepciones intelectuales, en las que la naturaleza solo tiene cabida como elemento simbólico. Casi siempre gira en torno al símbolo de la <<Noche Oscura>>. Es una poesía de evasión de la realidad, que expresa únicamente un sentimiento espiritual: el amor a Dios.

La poesía de San Juan es la expresión del amor más intensa y bella que existe en las letras castellanas. La emoción, el sentimiento y, en ocasiones, una ardiente sensualidad se reflejan por medio de un amor profano traspuesto al amor divino.

Su poesía se puede resumir en tres poemas: La Noche oscura del alma, que es la unión con Dios; el Cántico espiritual; y Llama se amor viva.

La lira adquiere en San Juan de la Cruz un tratamiento insuperable. El tratamiento de la naturaleza resulta muy emotivo, si bien siempre aparece como símbolo de una realidad supraterrenal. Sin embargo, la expresión sensorial de los paisajes descritos es exquisita. La utilización de los recursos literarios es precisa y acertada, especialmente el empleo de imágenes, de las paradojas y antitesis de términos opuestos y de las exclamaciones.

Jorge Manrique y Las Coplas a la Muerte de su Padre

Las Coplas por la muerte de su padre, también citadas como Coplas a la muerte del maestro don Rodrigo o, simplemente, Las coplas de Jorge Manrique, son una elegía escrita por Jorge Manrique en la muerte de su padre, el Maestre de Santiago don Rodrigo Manrique. Escritas, al menos una parte, con posterioridad al 11 de noviembre de 1476, fecha de la muerte de don Rodrigo Manrique, constituye una de las obras capitales de la literatura española y, sin duda, el mejor poema lírico de la poesía medieval castellana.

Esta obra pertenece al género poético de la elegía funeral medieval o planto y es una reflexión sobre la vida, la fama, la fortuna y la muerte con resignación cristiana. Se inspira en los precedentes clásicos y medievales del género y en el Eclesiastés, pero también contiene alusiones a la historia reciente de Castilla e incluso a sucesos en los que pudo estar presente el propio autor.

Fecha de composición

El primer problema que plantean las Coplas es el de la fecha de composición. Aunque es lógico pensar que fueron escritas con posterioridad al 11 de noviembre de 1476, fecha en que se sabe fallece don Rodrigo Manrique, el caso es que hay investigadores que, basándose en la falta de articulación de algunas estrofas, creen que pudo haber coplas que ya tenía escritas con anterioridad, quizá entre 1460 y 1470, particularmente las 24 primeras, que son las más generales. También hubo probablemente alteración del orden estrófico por parte de quienes transcribieron los cancioneros del siglo XV y XVI. Así y todo, la intención del poeta y el profundo sentimiento de sus versos permanecen

Tema

En lo que hace al contenido, las Coplas lamentan la muerte del padre del autor, don Rodrigo Manrique, remontándose desde la muerte como tema general a los ejemplos de muertes ilustres y finalmente a la muerte del personaje. El poeta, sin romper la unidad de tono, filosofa sobre la inestabilidad de la fortuna, la fugacidad del tiempo y las ilusiones humanas y el poder igualatorio de la muerte.

Se ensalza la figura del fallecido, junto con ataques más o menos directos a quienes han sido, de una forma u otra, enemigos del padre o de la familia Manrique. Así, personajes como Don Álvaro de Luna, quien tantas desdichas trajo a esta familia, aparecen en situaciones poco ventajosas —este personaje aparece muerto—. Lo mismo ocurre con la forma en la que es tratado el cambio social que se está sufriendo en España en esa época, donde se está produciendo un cambio entre dos mundos completamente diferentes, el mundo feudal (característico de la Edad Media, con sus tres estamentos bien delimitados) está dejando paso al mundo renacentista (Edad Moderna), en el que surgirá una nueva clase social –la burguesía-, y en el que los tres estamentos anteriores ya no serán tan impermeables, sino que la posición de una persona puede verse alterada según el dinero que posea. Manrique también trata este tema en su poema, criticándolo con firmeza.

Otros temas que aparecen en la obra son:

  • El paso inexorable del tiempo (asunto del tempus fugit).
  • La vida como camino (tema del homo viator).
  • La vanidad de las cosas mundanas (cuestión de la vanitas vanitatum).
  • El asunto del Ubi sunt? (¿Dónde están?) para evidenciar la fugacidad de la vida.
  • La descripción de don Rodrigo Manrique y el elogio de sus virtudes como excelente caballero y héroe de la cruzada contra los moros.
  • Los tres tipos de vida: terrenal, de la fama y eterna.

Estructura del poema

El poema se compone de 40 coplas escritas en octosílabos con versos de pie quebrado, bajo la forma de doble sextilla de tercetos simétricos, en los que a dos octosílabos sigue un verso corto (el pie quebrado) que puede ser tetrasílabo, o pentasílabo si es posible hacer sinalefa con el verso anterior o este finaliza en sílaba aguda. La doble sextilla manriqueña presenta la siguiente disposición de las rimas: abc: abc-def: def. Esta combinación métrica fue usada por primera vez, al parecer, por Juan de Mena y algunos otros, pero fue Manrique quien la elevó a la máxima categoría.

Se pueden distinguir tres partes:

  • 1ª parte (coplas I-XV):(Sobre la muerte) La primera parte, compuesta por las primeras quince coplas, es una serie de generalizaciones filosóficas. Se trata más de un sermón filosófico acerca de lo que debemos y no debemos hacer que de una elegía propiamente dicha. Se caracteriza por la reflexión y las metáforas de la vida y de la muerte, siguiendo la idea de San Agustín, fruto de su interpretación de las ideas platónicas, de que está vida está para usarla como medio para la ascensión al cielo, y no para disfrutarla, así como por el uso de un “yo poético” en primera persona del plural que pretende inculcarnos y hacer sentir como nuestras las ideas que en el poema aparecen.
  • 2ª parte (coplas XVI-XXIV): (sobre la gente que ya ha muerto, que ha pasado por este trance) Se da aquí una concreción de las cuestiones teóricas antes expresadas en ejemplos de la vida reciente, ejemplos conocidos por los potenciales lectores del poema. Aparece el ubi sunt? («¿dónde están?», tópico medieval que caracteriza la segunda parte de las Coplas) con mucha frecuencia, siempre en forma de pregunta retórica («¿qué se hicieron?», «¿cuál se para?»), y usualmente tras largas enumeraciones, para mostrar que todas las cosas de este mundo son, al final, perecederas, como la propia vida terrenal.

Por último, una característica interesante es que, como pretexto para concretar sus ideas, ajusta cuentas con los enemigos del padre, empleándolos como ejemplos de lo que no debe hacerse.

  • 3ª parte (coplas XXV-XL): (sobre su padre) Es la parte de las Coplas que consiste en la elegía propiamente dicha, y donde por primera vez aparece el padre, del que hasta entonces no habíamos oído hablar. Si antes aplicaba a ejemplos de la historia reciente las cuestiones generales propuestas en la primera parte, ahora las va a concretar en Rodrigo de Manrique, alabando cómo en todo momento cumplió con lo que se nos ha dicho que “debe hacerse” en las dos partes anteriores del poema. Dentro de esta tercera parte, podemos hacer una segunda división.
    • Parte primera: De la copla XXV a la XXXIII. Consiste en un retrato de la vida del padre. El “yo poético” pasa a ser genérico. En estas coplas se ensalza al padre y a sus virtudes, haciendo hincapié en el hecho de que cumplió como el que más con los deberes del estamento al que pertenecía (nobleza) para tener derecho a la vida eterna. Estos deberes consistían en la lucha contra el infiel. Un hecho curioso de esta parte es que su última copla, la treinta y tres, acaba con una coma, no un punto.
    • Parte segunda: Abarca desde la copla XXXIV hasta la última, la XL. Podría catalogarse como una suerte de obrita teatral, ya que Manrique cede el “yo poético” a diversos hablantes, la Muerte (que ensalzará al padre, para que las alabanzas a éste no sean siempre puestas en boca de Manrique), o su padre mismo. Nos muestra cómo Rodrigo de Manrique cumple con su deber de “morir bien”, y no oponerse a los designios divinos. Otra característica importantísima es la aparición de una “tercera vida”, la fama, idea fundamentalmente renacentista.

Estilo

  • El estilo empleado por Jorge Manrique en las Coplas, caracterizado por su naturalidad, es profundamente innovador en relación con toda la tradición literaria anterior.
  • El poeta sustituye el estilo elevado, típico de la gran poesía del siglo XV, por un estilo humilde, aunque muy trabajado (no pretende transmitir su ingenio cortesano, sino hablar con sinceridad de algo que todos conocen y, así, llegar a todos los públicos). Manrique deja a un lado tanto los recursos eruditos como otros característicos de la poesía de su época, para centrarse en el empleo de metáforas y de imágenes. Abundan también las interrogaciones retóricas.

El Romancero

Los romances son poemas épicos o épico-líricos, casi siempre breves, compuestos originariamente para ser cantados o recitados al son de un instrumento. José Luís Alborg ha escrito que el Romancero constituye la poesía nacional por excelencia: "un inmenso poema disperso y popular", que representa una de las pocas cumbres excelsas en la literatura universal, capaz de llegar al alma de todo un pueblo sin distinción de clases y sin necesidad de preparación intelectual.

Están formados por un número indefinido de versos octosílabos con rima asonante en los pares - manteniendo casi siempre la misma rima durante toda la composición -, mientras quedan libres los impares. Éste es el resultado de escribir como versos diferentes los dos hemistiquios de los versos heroicos, los de los cantares de gesta, que tendían a las dieciséis sílabas y eran monorrimos.

Los romances más antiguos son de finales del siglo XIV y principalmente del siglo XV. Se llaman romances viejos y pertenecen a la literatura popular y tradicional con todas sus características de transmisión oral, anonimia, variantes, etc.

Conservamos gran número de romances viejos porque en los siglos XV y XVI, como sucedió con la lírica popular, se recopilaron en Cancioneros o Romanceros, como el Cancionero de Romances, publicado hacia 1547 o el Romancero General de 1600. También se han conservado - con la creación a su vez de nuevos romances - en la tradición oral moderna, con numerosas variantes, en la Península, Hispanoamérica y las comunidades judeo-sefardíes.

A partir del siglo XVI hasta finales del XVII, muchos poetas cultos componen también romances, a los que se les da el nombre de romances nuevos o artísticos que amplían y renuevan el contenido temático y los recursos formales. Durante el Romanticismo y en el siglo XX se conocerá una nueva floración de este tipo de romances cultos.

Origen

Según la teoría más admitida, los romances más viejos proceden de ciertos fragmentos de los antiguos cantares de gesta, especialmente atractivos para el pueblo, que los retenía en la memoria y después de cierto tiempo, desgajados del cantar, cobraban vida independiente y eran cantados como composiciones autónomas con ciertas transformaciones. En palabras de Menéndez Pidal: "Los oyentes se hacían repetir el pasaje más atractivo del poema que el cantor les cantaba; lo aprendían de memoria y al cantarlo ellos, a su vez, lo popularizaban, formando con esos pocos versos un canto aparte, independiente: un romance". Son los llamados romances épico tradicionales.

Más tarde, los juglares, dándose cuenta del éxito de los romances tradicionales, compusieron otros muchos, no desgajados de un cantar, sino inventados por ellos, generalmente más extensos y con una temática más amplia. Los autores desaparecen en el anonimato, y la colectividad, plenamente identificada con ellos, los canta, modifica y transmite. Estos últimos se conocen con el nombre de romances juglarescos.

Temas

Los temas del Romancero viejo son muy variados. Sin ser exhaustiva se propone la siguiente clasificación temática:

Romances histórico-legendarios nacionales

• De historia épica: Don Rodrigo, Bernardo del Carpio, los Infantes de Lara, Fernán Gonzáles, el Cid.

• De historia contemporánea: Pedro el Cruel.

• Noticieros que se dividen en fronterizos, sobre los episodios militares de la guerra de Granada, y moriscos, donde los hechos relatados están vistos desde el lado musulmán.

Romances histórico-legendarios extranjeros:

• El ciclo carolingio: Carlomagno, Roldán, Roncesvalles.

• El ciclo bretón, sobre la llamada "materia de Bretaña" - leyendas caballerescas bretonas dadas a conocer por los "romans courtois" -: Lanzarote y Tristán

Romances de historias bíblicas y grecorromanas (tomados de las obras del mester de clerecía): Saúl, David, Paris, Elena, Nerón.

Romances novelescos: de amor, misterio, venganza, aventuras.

Por su importancia, aunque ya no dentro de la clasificación temática, hay que mencionar los llamados romanes líricos, de escasa acción y con predominio del sentimiento, principalmente el amoroso.

Estilo

Desde el punto de vista estilístico, el Romancero manifiesta una gran sencillez y sobriedad de recursos: descripciones parcas y realitas, casi total ausencia de elementos fantásticos o maravillosos, escasez de adjetivos y metáforas. A pesar de ello se consigue una extraordinaria viveza narrativa y los más variados efectos poéticos.

Destaca en el romancero la inmediata composición de la escena y la presentación de los personajes, la aproximación a la realidad con una gran fuerza plástica y el arte de saber llevar, sin dilaciones, la atención del oyente hacia el núcleo temático. Se combinan admirablemente la narración y el diálogo; mediante éste se consigue el característico movimiento dramático de muchos romanes.

La alternancia en la utilización de las formas verbales - presente/pretérito - es otro aspecto que anima la narración con el cambio de perspectivas temporales, desde un pasado lejano a un pasado cercano e incluso a un presente o viceversa.

Las fórmulas expresivas más utilizadas son las repeticiones de palabras o frase y el uso del paralelismo para conseguir una mayor intensidad emocional y rítmica. También se usan con mucha frecuencia las formas deícticas, apostróficas y exclamativas para conseguir mayor emotividad y recabar la atención del oyente.

Otra característica muy importante es el fragmentarismo: El romance se centra en un momento determinado de la acción. Los antecedentes no aparecen porque son conocidos o no interesan, y se entra, como ya hemos dicho, directamente en el asunto. Además, con mucha frecuencia, la narración se rompe bruscamente sin que se conozca el desenlace final. El resultado es de una increíble eficacia poética, al atrapar al oyente en el misterio y la emoción, y hacerle participar con su propia imaginación, lanzada a una actividad creadora personal.

Cantar Del Mio Cid

El Cantar de mio Cid es un cantar de gesta anónimo que relata hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida del caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar . Se trata de la primera obra narrativa extensa de la literatura española en una lengua romance.

Está escrito en castellano medieval y compuesto alrededor del año 1200. Se desconoce el título original, aunque probablemente se llamaría gesta o cantar, términos con los que el autor describe su obra en algunos versos.

El Cantar de mio Cid es el único conservado casi completo de su género en la literatura española y alcanza un gran valor literario por la maestría de su estilo.

ESTRUCTURA INTERNA.

El Cantar de mio Cid trata el tema del complejo proceso de recuperación de la honra perdida por el héroe, cuya restauración supondrá una honra mayor a la de la situación de partida.

El poema se inicia con el destierro del Cid, primer motivo de deshonra, tras haber sido acusado de robo. Este deshonor supone también el ser desposeído de sus heredades o posesiones en Vivar y privado de la patria potestad de su familia.

Tras la conquista de Valencia, gracias al solo valor de su brazo, su astucia y prudencia consiguen el perdón real y con ello una nueva heredad, el señorío sobre Valencia, que se une a su antiguo solar ya restituido. Para ratificar su nuevo estatus de señor de vasallos, se conciertan bodas con linajes del mayor prestigio cuales son los infantes de Carrión.

Pero paradójicamente, con ello se produce la nueva caída de la honra del Cid, debido al ultraje de los infantes a las hijas del Cid, que son vejadas, fustigadas, malheridas y abandonadas en el robledal de Corpes.

Este hecho supone según el derecho medieval el repudio de facto de estas por parte de los de Carrión. Por ello el Cid decide alegar la nulidad de estos matrimonios en un juicio presidido por el rey, donde además los infantes de Carrión queden infamados públicamente y apartados de los privilegios que antes detentaban como miembros del séquito real. Por el contrario, las hijas del Cid conciertan matrimonios con reyes de España, llegando al máximo ascenso social posible.

Así, la estructura interna está determinada por unas curvas de obtención–pérdida–restauración–pérdida–restauración de la honra del héroe. En un primer momento, que el texto no refleja, el Cid es un buen caballero vasallo de su rey, honrado y con heredades en Vivar. El destierro con que se inicia el poema es la pérdida, y la primera restauración, el perdón real y las bodas de las hijas del Cid con grandes nobles. La segunda curva se iniciaría con la pérdida de la honra de sus hijas y terminaría con la reparación mediante el juicio y las bodas con reyes de España. Pero la curva segunda supera en amplitud y alcanza mayor altura que la primera.

ESTRUCTURA EXTERNA.

Los editores del texto, desde la edición de Menéndez Pidal de 1913, lo han dividido en tres cantares. Podría reflejar las tres sesiones en que el autor considera conveniente que el juglar recite la gesta. Parece confirmarlo así el texto al separar una parte de otra con las palabras: «aquís conpieça la gesta de mio Çid el de Bivar» (v. 1.085), y otra más adelante cuando dice: «Las coplas deste cantar aquís van acabando» (v. 2.776).

Primer cantar. Cantar del destierro (vv. 1–1.086)

El Cid ha sido desterrado de Castilla. Debe abandonar a su esposa e hijas, e inicia una campaña militar acompañado de sus fieles en tierras no cristianas, enviando un presente al rey tras cada victoria para conseguir el favor real.

Segundo cantar. Cantar de las bodas (vv. 1.087–2.277)

El Cid se dirige a Valencia, en poder de los moros, y logra conquistar la ciudad. Envía a su amigo y mano derecha Álvar Fáñez a la corte de Castilla con nuevos regalos para el rey, pidiéndole que se le permita reunirse con su familia en Valencia. El rey accede a esta petición, e incluso le perdona y levanta el castigo que pesaba sobre el Campeador y sus hombres. La fortuna del Cid hace que los infantes de Carrión pidan en matrimonio a doña Elvira y doña Sol. El rey pide al Campeador que acceda al matrimonio y él lo hace aunque no confía en ellos. Las bodas se celebran solemnemente.

Tercer cantar. Cantar de la afrenta de Corpes (vv. 2.278–3.730)

Los infantes de Carrión muestran pronto su cobardía, primero ante un león que se escapa y del que huyen despavoridos, después en la lucha contra los árabes. Sintiéndose humillados, los infantes deciden vengarse. Para ello emprenden un viaje hacia Carrión con sus esposas y, al llegar al robledo de Corpes, las azotan y las abandonan dejándolas desfallecidas. El Cid ha sido deshonrado y pide justicia al rey. El juicio culmina con el «riepto» o duelo en el que los representantes de la causa del Cid vencen a los infantes. Éstos quedan deshonrados y se anulan sus bodas. El poema termina con el proyecto de boda entre las hijas del Cid y los infantes de Navarra y Aragón.

CARACTERÍSTICAS Y TEMAS.

El Cantar de Mio Cid se diferencia de la épica francesa en la ausencia de elementos sobrenaturales, la mesura con la que se conduce su héroe y la relativa verosimilitud de sus hazañas.

Además está muy presente la condición de ascenso social mediante las armas que se producía en las tierras fronterizas con los dominios musulmanes (lo cual supone un argumento decisivo de que no pudo componerse en 1140, pues en esa época no se daba ese «espíritu de frontera» y el consiguiente ascenso social de los caballeros infanzones de frontera).

El propio Cid, siendo solo un infanzón (esto es, un hidalgo de la categoría social menos elevada, comparada con condes, potestades y ricos hombres, rango al que pertenecen los infantes de Carrión) logra sobreponerse a su humilde condición social dentro de la nobleza, alcanzando por su esfuerzo prestigio y riquezas (honra) y finalmente un señorío hereditario (Valencia) y no en tenencia como vasallo real. Por tanto se puede decir que el verdadero tema es el ascenso de la honra del héroe, que al final es señor de vasallos y crea su propia Casa o linaje con solar en Valencia, comparable a los condes y ricos hombres.

Más aún, el enlace de sus hijas con príncipes del reino de Navarra y del reino de Aragón, indica que su dignidad es casi real, pues el señorío de Valencia surge como una novedad en el panorama del siglo XIII y podría equipararse a los reinos cristianos, aunque, eso sí, el Cid del poema nunca deja de reconocerse él mismo como vasallo del monarca castellano, si bien latía el título de Emperador, tanto para los dos Alfonsos implicados como para lo que fue su origen en los reyes leoneses, investidos de la dignidad imperial.

De cualquier modo, el linaje del Cid emparenta con el de los reyes cristianos y, como dice el poema: «hoy los reyes de España sus parientes son, / a todos alcanza honra por el que en buen hora nació». (vv. 3.724–3.725, cfr. ed. de Alberto Montaner), de modo que no sólo su casa emparenta con reyes, sino que estos se ven más honrados y gozan de mayor prestigio por ser descendientes del mismísimo Cid

ASPECTOS MÉTRICOS.

El poema consta de 3.735versos anisosilábicos de extensión variable. Cada verso está dividido en dos hemistiquios por una cesura. Esta forma, también típica de la épica francesa, refleja un recurso útil a la recitación o canto del poema. Sin embargo, mientras en los poemas franceses cada verso tiene una métrica regular de diez sílabas divididas en dos hemistiquios por una fuerte cesura, en el Cantar de mio Cid tanto el número de sílabas en cada verso como el de sílabas en cada hemistiquio varía considerablemente. A este rasgo se le denomina anisosilabismo.

Aun cuando se encuentran versos de entre diez y veinte sílabas y hemistiquios de entre cuatro y catorce, más del 60% de los versos oscila entre 14 y 16 sílabas.

En principio, todos los versos riman en asonante, pero las asonancias no son tampoco totalmente regulares ni muy variadas.

Los versos se agrupan en tiradas de extensión variable. Su longitud varía entre 3 y 90 versos, cada una de las cuales tienen la misma rima y constituye una unidad de contenido.

Mester de Clerecía

EL MESTER DE CLERECIA

La expresión sintética “mester de clerecía”, sirve desde hace tiempo para designar a un subgénero poético distinto aunque en modo alguno aislado de las composiciones de los juglares españoles medievales. Es importante saber interpretar estas palabras de forma precisa y se entendían por profesión o mester.

En algunos lugares del poema de Alexandre comprobamos que mester significaba para nuestro poeta, en su acepción más amplia, una especie de deber que tenían todos los hombres, cada cual según su condición, de dominar su ciencia y ponerla al servicio de algo, hacer de su vida un trabajo o menester.

Frente al mester de juglaría, de contenido popular e irregularidad métrica, surge en el siglo XIII el mester de clerecía, erudito y cultivado por los clérigos, entendiendo portales no sólo a quienes lo eran propiamente, sino también, a todo hombre culto y letrado.

El saber se refugia en los monasterios y durante siglos es esencial patrimonio de los clérigos, de donde nace la atribución de este carácter a quienes se entregan al estudio, aunque no fuese aquella su condición real: clerecía y saber se hacen sinónimos. Estos clérigos paulatinamente van dejando el latín, e incorporan la lengua popular para acercar la cultura de sus bibliotecas al pueblo llano.

METRICA, LENGUAJE Y TEMATICA.

Los rasgos que caracterizan al mester de clerecía pueden resumirse en los siguientes:

Todos los poemas están escritos en estrofas de versos alejandrinos (de catorce sílabas, divididos en dos hemistiquios de siete), con una sola rima consonante, que reciben el nombre de tetrásforo monorimo o cuaderna vía. Los poetas de clerecía respetan rigurosamente el canon métrico, de forma que todo verso mal medido puede estimarse como descuido involuntario o falta de habilidad. También, debe tenerse en cuenta, además, los errores de los copistas y las diferencias de pronunciación, y los distintos criterios seguidos respecto a la sinalefa, el hiato, la sinéresis y la diéresis.

El lenguaje pretende ser mucho más cuidado y selecto que el de los juglares. Esta perfección puede deberse en buena parte al avance natural sobre los escritores precedentes; el poeta utiliza un lenguaje familiar, llano y sencillo, animado con expresiones pintorescas y vulgares comparaciones.

Lo más fundamental del mester de clerecía radica en su temática. Se suele decir por influencia de su propio nombre, que éste se ocupa de temas religiosos; pero, con excepción de los libros de Berceo, ninguna obra específica de esta escuela es religiosa. Lo esencial reside en que trata de temas eruditos, de materias que no han sido tomadas de la observación directa de la vida, de acontecimientos actuales como hacen los juglares, sino del saber escrito al que no se tenía acceso sin una dedicación estudiosa.

Cronológicamente el mester de clerecía se prolongó desde mediados del siglo XIII hasta finales del XIV. Durante el XIII se mantuvo fiel a los moldes métricos, pero en el siguiente da entrada a formas poéticas distintas de carácter lírico y metro más breve; por el contrario, en ocasiones, aparecen versos de diez y seis sílabas, mientras que en otras se dan cuartetas heptasílabas, como resultado de separardos hemistiquios del alejandrino (Proverbios morales, de Sem Tob).

Otra diferencia esencial separa la clerecía de ambos siglos. Al XIII corresponden obras anónimas, con la excepción de Berceo, de carácter más impersonal, rígido, y, literariamente, más "objetivo".El XIV da entrada a grandes figuras literarias, de inconfundible personalidad, como la severa requisitoria moral del Canciller de Ayala y el gran retablo humorístico del Arcipreste de Hita, verdadera comedia humana de su siglo.

GONZALO DE BERCEO

Vida y obras. Primer poeta español de nombre conocido, es el más genuino representante del mester de clerecía, y posiblemente su introductor. Nació a finales del S. XII, en Berceo, pequeño pueblo riojano, se educó en el monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, y estuvo agregado a este monasterio como clérigo secular.

Debió morir bastante viejo; por diversas escrituras notariales de sabe que vivía aún en el año 1264. Pero poco más se conoce de su vida, que debió de transcurrir plácidamente entre gentes sencillas, entregado a sus deberes religiosos y a componer sus obras.

Todas las de Berceo son religiosas: tres vidas de santos, Santo Domingo de Silos, San Millán de la Cogolla y Santa Oria, virgen; tres poemas dedicados a la Virgen, Loores de Nuestra Señora, Planto que fizo la Virgen el día de la Passión de su Fijo Jesu Christo y Milagros de Nuestra Señora; y tres poemas de asunto religioso vario, El Sacrificio de la Misa, De los signos que aparecerán antes del Juicio y Martirio de San Laurençio. También se le atribuyen tres himnos.

TEMATICA Y ESTRUCTURA

El Libro de buen amor es una composición extensa y variada de 1728 estrofas, cuyo hilo conductor lo constituye el relato de la autobiografía ficticia del autor (Juan Ruiz, Arcipreste de Hita), quien es representado por el episódico personaje de don Melón de la Huerta. El hecho de que se hayan conservado tres manuscritos es un indicio de la importancia y difusión que tuvo esta obra desde bien temprano: los códices de Toledo (T) y Gayoso (G) son de fines del siglo XIV, y el de Salamanca (S) fue copiado a principios del siglo XV por Alonso de Paradinas. En los tres han sido arrancadas varias hojas, lo que impide la lectura completa del libro y además las lecturas divergen ocasionalmente a causa de las deturpaciones de los copistas. El título con que hoy se conoce la obra fue propuesto por Menéndez Pidal en 1898, basándose en distintos pasajes. En cuanto a la fecha de redacción, varía según el manuscrito: en uno el autor afirma que lo terminó en 1330 y en otro en 1343, aunque se tiende a creer que el de esta última fecha fue en realidad una revisión en la que Juan Ruiz añadió nuevas composiciones.

El libro se caracteriza por su variedad de:

  1. Contenido (ejemplos, narraciones amorosas, serranillas, elementos didácticos, composiciones líricas, etc.)
  2. Métrica (además de la cuaderna vía utiliza estrofas de dieciséis versos, estrofas zejelescas, etc.)
  3. Tono (serio, festivo, religioso, profano, etc.)

Como núcleos narrativos más destacables de la obra, señalaremos:

  • La introducción, donde el Arcipreste de Hita explica el sentido e interpretación del libro.
  • Una autobiografía ficticia del autor, en la que relata sus amores con distintas mujeres, todas de diferente origen y condición social: una monja, una mora, una dueña que vio estar orando, una panadera, una mujer de alta posición, varias serranas, etcétera, ayudado por una tercera o alcahueta, Urraca, más conocida como la Trotaconventos.
  • Una colección de ejemplos (apólogos, fábulas y cuentos), que sirven como enseñanza moral y cierre de los episodios.
  • La disputa entre el autor y don Amor (un personaje alegórico), donde el primero acusa al Amor como responsable de los pecados capitales y el segundo da consideraciones de cómo ha de ser la mujer y el galán.
  • La narración de los amores de don Melón y doña Endrina (adaptación de la comedia humanística medieval Pamphilus).
  • El relato alegórico de la batalla entre don Carnal y doña Cuaresma, en realidad una parodia de los cantares de gesta medievales.
  • Un comentario al Ars amandi del poeta latino Ovidio.
  • Sátiras de tono y contenido goliardesco, como la parodia de las horas canónicas, la Cantiga de los clérigos de Talavera, el elogio misógino de las dueñas chicas, o la sátira Contra la propiedad que el dinero ha.
  • Una serie de composiciones líricas religiosas, casi siempre marianas (Gozos de Santa María).
  • Una serie de composiciones líricas diversas profanas: el planto a la muerte de Trotaconventos, cantigas de ciego y para escolares.